• Marcela Aidenbaum

Summertime




Las vacaciones están muy cerca para quienes vivimos en el hemisferio norte. El verano se hace presente y junto al calor, empiezan los planes.

Este año, la incertidumbre se suma como protagonista principal a cualquier programa, y todo parece ser diferente. Quienes habitualmente disfrutan de un verano con amigos y/o familia, tienen que diseñar estrategias de cuidado y protección extra; y aquellos que por el contrario prefieren la intimidad familiar, después de tantos meses de estricta convivencia, tal vez se inclinan por otras alternativas...

Pero a pesar de estos últimos cuatro meses; sea con o sin playa y/o montaña, las vacaciones auguran un tiempo de bienestar y tranquilidad, que como todo en la vida, tiene sus luces y sus sombras. PAUSA para honrar la vida y la salud.

Paisajes de ensueño, madrugadas interminables, lectura, silencio, caminatas….los mejores recuerdos quedarán guardados para siempre bajo los cielos de algún verano.

Nuestra mente se pre dispone a sentirse relajada desde el primer día (aunque generalmente este deseo no se cumple el día uno). Arrastramos como un cazo de hierro nuestras agendas durante todo el año y cuesta decirles adiós. Sin embargo, al cabo del tercer o cuarto día, nos vamos despojando suavemente de las preocupaciones y las obligaciones, y empezamos por fin a vivir la vida que queremos: nos quitamos de la mano reloj, la ropa de oficina y los apuntes del cole para darle la bienvenida a nuestros pies descalzos y la tibieza del sol en la piel.

Hay tiempo para todo: nos levantamos cuando nuestro cuerpo lo pide, comemos y bebemos cosas ricas, dormimos la siesta y sentimos la libertad de la vida latiendo en el cuerpo.

Más allá del trabajo y las responsabilidades ¿Por qué el sólo durante las vacaciones nos habilitamos a ser quienes queremos ser, viviendo la vida que nos gustaría vivir?


La PAUSA como actitud


Si prestas atención, verás que más allá de las montañas o la playa que te rodea, hay un paisaje interno, una actitud especial que se despierta en tu mente y en tu cuerpo las vacaciones. Todo eso vive en ti; te pertenece. Búscalo y toma nota de cada sensación. Muchas de las experiencias sentidas durante los días de descanso pueden reproducirse en cualquier momento del año. La persona que se pasa horas sentada delante de un ordenador, que atraviesa atascos y corre buses y metros escurridizos en pleno febrero, es la misma que se llena los pulmones de aire puro y los ojos de atardeceres únicos a la orilla del mar.

Tal vez este verano si te apetece, puedes recolectar algunos elementos de la naturaleza y llevártelos contigo para tenerlos cerca. Un objeto o muchos pueden transformarse en tu rincón sagrado, ese al que volver una y otra vez para recordarte a ti mism@ quién eres y hacia dónde quieres ir.

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